“Cuarenta grados al amanecer”, la nueva novela del villaodonense Manuel Godino

Nuestro vecino, habitual colaborador de envillaviciosadeodon.es, presenta este jueves 23 de febrero en el Café del Infante su tercera novela publicada, que lleva por título “Cuarenta grados al amanecer” (ediciones Atlantis). El evento, que empezará a las 20:00 horas, contará con la presencia del propio autor y en el que actuará como maestro de ceremonias José María Pardo

Le hemos pedido a Manuel que nos conteste a estas preguntas para acercarnos más a su obra.

Pregunta: ¿De qué trata “Cuarenta grados al amanecer”?

Respuesta: Phablo y Sol, dos jóvenes que viven en Madrid, en una calleja cercana a la Gran Vía, sobreviven en difíciles circunstancias. Cuando se conocen, en junio de 1995, él se enamora enseguida de ella.

¿Por qué ese título?

Es un juego de palabras; no se trata de altas temperaturas al alba, sino que en realidad se refiere a las dos grandes pasiones del protagonista: el licor de alta graduación y Sol, el amor de su vida.

Se trata de tu tercera novela, tras “Entre la Tierra y Amarte” y “Los dioses insaciables“. El hilo conductor de las tres novelas es el amor y la presencia de un protagonista masculino que sufre como consecuencia de esas historias y por cómo es él mismo. ¿Qué diferencias hay entre las tres novelas o, mejor, de las dos primeras con “Cuarenta grados al amanecer”?

Mis tres novelas tratan de amor pero son totalmente distintas: en la primera teníamos a un joven poeta que aspiraba a un amor puro, espiritual, sublime. Pero, como era demasiado juerguista, indeciso e insensato, nunca conseguía alcanzarlo, tal vez porque ese amor ideal, simplemente, no existe. En la segunda aparecían personajes afortunados, poderosos, ricos, que lo tenían todo en la vida. Hasta que el amor irrumpe como una fuerza perturbadora, destructiva, que se entromete en un matrimonio estable y deviene en funestas consecuencias. En “Cuarenta grados al amanecer”, el efecto del amor es inverso: aparece como un sentimiento crucial que alimenta la esperanza de escapar de la miseria, de la ruina y de la precariedad de sus protagonistas. Es el hilo conductor de la salvación en un escenario sembrado de obstáculos, trampas y problemas de diversa índole.

¿Y cuál ha sido la evolución tuya como escritor durante este tiempo?

Esta nueva novela debí de escribirla en torno a 1994. El manuscrito fue abandonado y cuando lo encontré hace dos años, decidí restaurarlo. En 2012 publiqué “Entre la Tierra y Amarte”, y en 2014 “Los Dioses Insaciables”. En general, he ido aprendiendo a escribir con el paso del tiempo, cometiendo menos errores y ampliando mis recursos expresivos. En 2012, yo creía que Entre la Tierra y Amarte no necesitaba ningún retoque, pese a algunas voces críticas. Hoy en día le he practicado una amplia actualización que es posible que se convierta en una segunda edición junto con una selección de poemas de su protagonista; es algo que sabré en unas semanas. También me gustaría añadir que la continuación de Entre la Tierra y Amarte ya está lista para ser publicada si las circunstancias me son propicias. Es una novela distinta, más madura, en la que hay una evolución literaria: diría que Entre la Tierra y Amarte es, conceptual y estructuralmente, un homenaje a las grandes novelas del siglo XIX, mientras que la continuación es más propia del siglo XX o incluso el XXI.

¿Qué obras te vienen a la mente cuando relees “Cuarenta grados al amanecer”?

Esta novela aúna la fuerza y la pasión que yo podía expresar siendo un veinteañero con la técnica y los recursos que he ido adquiriendo con el tiempo. Citaré cuatro influencias principales: en primer lugar, indiscutiblemente, “Las memorias del subsuelo” de Dostoyevski. Yo en los noventa estaba fascinado por la obra del maestro ruso, y Phablo, el protagonista, se considera a sí mismo un habitante del subsuelo, en el sentido de ser un tipo oscuro, egocéntrico y poco complaciente con sus semejantes, a los que normalmente menosprecia.

En segundo lugar, la poesía de Baudelaire, cuyas “Flores del mal”, tan estéticamente seductoras como moralmente inquietantes, pueden dotar de cierto encanto la mediocridad de un cuchitril andrajoso y el cinismo de una mente desdeñosa como la de Phablo. En tercer lugar, la película “La mamá y la puta” del director francés Jean Eustache. En esta obra de la nouvelle vague viene a decirse, en una de sus secuencias finales, mientras la protagonista apenas contiene el llanto, que lo primordial, más allá de las prácticas sexuales, son los sentimientos. A raíz de ver esta película, decidí concebir una protagonista femenina que andase en la cuerda floja, censurable y fuera de la ley, para privilegiar la fuerza y la pureza del amor.

En cuarto lugar, las novelas de Bukowski: en los años 90 yo, tan ingenuo, debía de andar pensando que, si Bukowski bebía tanto alcohol y escribía tan bien, yo podía hacer lo mismo. En esta novela podemos ver cómo su protagonista, tan desaforado y excesivo, se apasiona bebiendo, abusa del whisky y expresa unos ciertos conocimientos de las artes etílicas que aplica obsesivamente con el fin de exaltar su pasión y sus sentimientos, pues Sol parece más bella, más encantadora y maravillosa, cuando la contempla a través del prisma de la embriaguez.

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