De nuestros orígenes a Calatalifa (1º parte)
Luis García Fernández nos envía una, más que nunca, "historia de nuestro pueblo". Basándose en datos históricos y crónicas de la época, Luis nos acerca al surgimiento de nuestra Villa. Ésta es la primera parte, pero tendrá dos continuaciones más.
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Por estas ilustres tierras pasaron multitud de civilizaciones, pero son los carpetanos (uno de los pueblos celtíberos) en la Edad del Hierro los primeros que dejaron huellas de su presencia en esta zona –se han encontrado restos de un ajuar funerario en el arroyo del Soto, cerca de la desembocadura en el Guadarrama-. Después fueron los romanos –que dejaron cerámicas, vías y alguna rueda de molino-, hasta los visigodos, de los que hay constancia que pasaron por estos términos (se han encontrado cerámicas hispanogodas) y que habitaron cerca del arroyo de la Vega (a poco menos de 1 kilómetro del casco urbano actual) o al menos enterraron a algunos de sus difuntos en éste lugar. Hoy está tapado por la autovía de los pantanos, sin habernos dado una oportunidad de conocer más de nuestros ancestros.
Pero los primeros pobladores que dejaron constancia nítida de su estancia aquí, fueron los árabes. Se asentaron en la orilla del Guadarrama, en una pequeña elevación (hoy es más significativa por la erosión y la antigua explotación arenera de la zona), al abrigo del río que les ofrecía un agua de excelente calidad procedente de la sierra, pesca y defensa natural.
Sobre el origen del nombre Guadarrama, algunos etimologistas dicen que deriva de la expresión árabe guadiarrámal, que se traduce al castellano como río del arenal. El prefijo guada viene de Oued, y significa río; así Guadalentín es río de fango, Guadalhorce, río cizallas, o Guadalete, río del olvido. Además, al otro lado del río, pasaba la importante vía romana del itinerario de Antonino que unía Segovia con Toletum (Toledo), capital de la Carpetania.
Cuenta el cronista árabe de la época, Ibn Hayyan, que por esta vía pasó el emir Abd al Rahmán III con sus tropas, camino de la batalla de Simancas (Valladolid) en 939. En este lugar paró a descansar y repostar. Casualmente se produjo un eclipse de sol; él y sus soldados lo interpretaron como una señal de Alá (no la interpretaron muy bien, pues perdieron la batalla y supuso la marca de una nueva frontera), por lo que decidieron convertir la aldea en fortaleza, y así, en el 940, nació la historia de éste emplazamiento.
Se hicieron murallas, calles, casas, aljibes y se dedicaron a labores agrícolas (destacando la horticultura por la fertilidad de sus tierras), ganaderas (ovejas y cabras), pesca, caza, artesanía (taller de alfarería) y demás actividades cotidianas, además de la defensa del lugar, pues la zona comenzó a ser inestable y pasó a ser frontera en la guerra con los cristianos. Esta fortaleza los árabes la denominaron Q¨alat Halifa, que significa castillo de ladrillo o del califa.
Durante cerca de 2 siglos la ciudad formó parte de las que vigilaban el paso natural del Guadarrama hacia Toledo. En el 1031, al desmembrarse el reino andalusí en taifas, esta zona pasó a formar parte de la taifa de Toledo y la Marca Media.
En 1085, y gracias a la toma de Toledo por los cristianos, estas tierras fueron incorporadas al reino de Castilla por Alfonso VI “El Bravo”. La reconquista de estas tierras, y su carácter de tierra fronteriza, trajo consigo la huida de muchos mudéjares de la zona hacia reinos andalusíes. La zona se repobló con guerreros cristianos (castellanos, vascos, cántabros e incluso francos) y mantuvo una población estable, aunque...
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Comentarios
Gracias, Luis, por esta interesante lección de Historia.
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